Frente a un entorno regulatorio cada vez más estricto y la urgencia de descarbonizar las operaciones, el dióxido de carbono resurge como una solución estratégica para el sector HVACR. Este reportaje explora sus ventajas técnicas y ambientales, los desafíos de implementación, y presenta casos exitosos en México y América Latina que marcan el camino hacia una refrigeración más eficiente, limpia y competitiva.
La industria HVACR enfrenta una transición decisiva. El cambio climático, la presión regulatoria y la exigencia de los consumidores por cadenas de suministro más responsables colocan a los sistemas de refrigeración en el centro de la conversación sobre sostenibilidad industrial. En ese panorama, la elección del refrigerante se transforma en una decisión de alto impacto: ambiental, financiero y reputacional.
En este contexto, el dióxido de carbono —conocido también como R-744— se posiciona como una alternativa natural que responde a la urgencia climática sin comprometer el desempeño. Sus características lo convierten en un actor clave para alcanzar los objetivos globales de descarbonización, y su adopción comienza a tomar fuerza en América Latina, con México al frente de varios proyectos pioneros.
Aunque su historia se remonta al siglo XIX, el CO₂ fue desplazado durante décadas por gases sintéticos como los CFC, HCFC y posteriormente HFC, seleccionados por su estabilidad y facilidad de uso. Sin embargo, el legado de estos compuestos se volvió insostenible: su potencial de calentamiento global, en algunos casos miles de veces superior al del CO₂, y su contribución al deterioro de la capa de ozono, los convirtieron en blancos regulatorios.
Frente a esta realidad, el CO₂ regresa con una propuesta madura, respaldada por avances tecnológicos, regulaciones emergentes y experiencias exitosas a nivel internacional.
Para el sector HVACR, este regreso no implica solo cambiar un fluido. Exige repensar todo el sistema: desde el diseño de los equipos hasta la forma en que se capacita al personal técnico. Exige también evaluar con mayor profundidad los costos ocultos de continuar con refrigerantes de alto impacto ambiental, frente a los beneficios a largo plazo de migrar hacia soluciones naturales. En este equilibrio de variables —ambientales, técnicas y financieras— el CO₂ comienza a inclinar la balanza a su favor.
Eficiencia y sustentabilidad en equilibrio: las verdaderas ventajas del CO₂
Más allá de su bajo GWP (potencial de calentamiento global cercano a 1), el CO₂ ofrece ventajas operativas concretas. Su capacidad frigorífica volumétrica es hasta cinco veces superior a la de refrigerantes como el R-134a, lo que permite desarrollar equipos más compactos, con menores volúmenes de carga y menores tiempos de respuesta térmica.
En sistemas comerciales —como supermercados, centros de distribución y cámaras de congelación— esta cualidad se traduce en mayor eficiencia energética y control térmico más preciso.
Otra ventaja es su disponibilidad. A diferencia de los refrigerantes sintéticos que deben importarse, el CO₂ está presente localmente, a bajo costo y sin depender de patentes. Esto reduce la exposición de las empresas a restricciones comerciales, fluctuaciones de precio o problemas logísticos. También permite gestionar de forma más responsable la reposición ante fugas, al tratarse de un gas no tóxico ni inflamable, que ya forma parte natural de la atmósfera.
En cuanto a seguridad, si bien el CO₂ opera a presiones más elevadas —hasta 120 bar en sistemas transcríticos—, la industria ha desarrollado componentes específicamente diseñados para estas condiciones. Válvulas, compresores, intercambiadores y controles electrónicos adaptados al R-744 hoy están disponibles en el mercado regional.
La clave para su operación segura no radica en su peligrosidad intrínseca, sino en la correcta instalación, calibración y mantenimiento, aspectos que ya se dominan en múltiples instalaciones dentro y fuera de México.
Un elemento frecuentemente subestimado es la reputación corporativa que se construye al incorporar refrigerantes naturales. En un entorno donde las prácticas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) ganan peso en las decisiones de inversión, operar con CO₂ envía un mensaje claro: la empresa asume liderazgo ambiental sin sacrificar productividad.
Esta visión cobra particular relevancia en sectores como el retail, la alimentación y la logística, donde el consumidor final valora de forma creciente la trazabilidad ecológica de los productos.
A nivel operativo, existen estudios que avalan el desempeño energético del CO₂ en condiciones reales. En Chile, por ejemplo, se compararon dos supermercados con sistemas de refrigeración idénticos, uno operando con R-507 y otro con CO₂.
El resultado fue claro: el sistema con CO₂ presentó un consumo energético hasta 20 % menor, además de una reducción significativa en emisiones equivalentes de CO₂ gracias a la eliminación de fugas de HFC. Esto demuestra que, bien diseñado, el CO₂ no solo es sostenible, sino también rentable.
Casos de éxito en México y América Latina: liderazgo desde el terreno
México ha comenzado a escribir su propia historia en la adopción del CO₂ como refrigerante natural. En 2018, Casa Ley inauguró en Culiacán la primera tienda del país con un sistema transcrítico de CO₂ operando en condiciones tropicales. El sistema, desarrollado en colaboración con fabricantes internacionales y técnicos locales, incluyó medidas de adaptación climática como enfriadores adiabáticos y controles inteligentes. A más de cinco años de su puesta en marcha, el resultado ha sido positivo: se logró mantener la eficiencia energética sin comprometer el desempeño térmico ni la seguridad.
La empresa no solo logró una reducción tangible en su huella de carbono, sino que fortaleció su posicionamiento como pionera en refrigeración sustentable dentro del sector minorista. La experiencia también fue valiosa para los ingenieros y técnicos mexicanos involucrados en el proyecto, quienes adquirieron conocimientos aplicados que hoy trasladan a nuevas instalaciones en todo el país.
Otro caso destacado es el de Frialsa, empresa líder en almacenamiento en frío, que instaló en Sinaloa un sistema en cascada con CO₂ y amoníaco. Esta combinación aprovecha las propiedades térmicas del NH₃ en la alta temperatura y del CO₂ en la baja, logrando una solución técnica óptima para cámaras de congelación profundas.
El sistema opera con un control digital integral que permite monitorear presión, temperatura, carga y consumo energético en tiempo real. A nivel ambiental, la empresa redujo sus emisiones directas de gases refrigerantes casi a cero, y mejoró su rendimiento térmico incluso en condiciones de alta humedad relativa.
A nivel región, otros países avanzan por rutas similares. Chile lidera la transición en supermercados, con cadenas como Jumbo y Tottus que operan múltiples tiendas con CO₂ transcrítico desde 2017. Colombia suma más de una decena de tiendas con esta tecnología en Bogotá y Medellín, y Panamá cuenta con al menos cuatro instalaciones subcríticas en su sector alimentario. Estos casos confirman que la tecnología es adaptable a distintas condiciones geográficas y escalas operativas.
La clave del éxito en todos estos proyectos ha sido la colaboración. Empresas privadas, fabricantes, consultores, asociaciones técnicas y organismos internacionales han sumado esfuerzos para capacitar, financiar y desplegar soluciones con CO₂ de manera estructurada.
México, por su posición geográfica, tamaño de mercado y capacidad técnica instalada, está en condiciones de escalar rápidamente esta experiencia y liderar la transición en toda América Latina.
Camino a futuro: normativas, capacitación y decisión gerencial
El futuro del CO₂ como refrigerante en la región no depende únicamente de la tecnología. Requiere voluntad institucional, marcos regulatorios coherentes y, sobre todo, visión gerencial. En este sentido, México ha dado pasos importantes. La SEMARNAT ha reforzado la normatividad para el control de sustancias agotadoras de la capa de ozono, y CONUEE trabaja activamente en promover la eficiencia energética mediante incentivos, guías técnicas y difusión de buenas prácticas.
Sin embargo, persisten desafíos. Muchos técnicos aún no han recibido formación específica sobre el manejo de CO₂, lo que limita la capacidad de respuesta del mercado frente a una posible masificación. Algunas empresas enfrentan dificultades para acceder a financiamiento cuando los proyectos se salen del catálogo tradicional de tecnologías. Y la percepción de que el CO₂ es “demasiado complejo” aún subsiste en parte del sector, alimentada por desconocimiento o falta de ejemplos locales.
Vencer estos obstáculos exige trabajo coordinado. Es necesario fortalecer las alianzas público-privadas para establecer centros de capacitación técnica con simuladores y laboratorios reales, actualizar las normas oficiales mexicanas (NOM) para incluir refrigerantes naturales, e incorporar criterios ESG en las decisiones de compra pública y privada.
También se requiere una narrativa distinta: una que deje de presentar al CO₂ como una tecnología del futuro, y lo reconozca como una herramienta madura, viable y presente.
La decisión de migrar hacia el CO₂ no es menor. Implica revisar presupuestos, rediseñar plantas, capacitar personal y adaptar procesos. Pero también implica anticiparse a regulaciones que pronto serán obligatorias, evitar sanciones por emisiones, acceder a créditos verdes y construir una reputación sólida en sostenibilidad. En ese sentido, se trata de una inversión estratégica más que de un gasto.
Para las empresas que lideran la transición, los beneficios ya son palpables. Además de reducir su impacto ambiental, han ganado eficiencia energética, visibilidad mediática, fidelidad de clientes conscientes y ventajas competitivas frente a un mercado que comienza a valorar con seriedad la trazabilidad ambiental.
La cadena de frío, tradicionalmente invisible para el consumidor, comienza a volverse protagonista en la discusión ambiental. Refrigerar sin calentar el planeta es el nuevo paradigma. En ese escenario, el CO₂ no solo ofrece una alternativa técnica; ofrece una oportunidad de liderazgo. Y para quienes entienden que la sostenibilidad define el negocio del mañana, esa oportunidad es demasiado valiosa como para dejarla pasar.
