Para Battista Guerini, Refrigeration Sales Manager de OLAB, el futuro de la refrigeración no depende únicamente de adoptar nuevos refrigerantes, sino de replantear cada componente del sistema. Desde la ingeniería hasta los materiales, su visión demuestra que la verdadera innovación ocurre cuando la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad evolucionan al mismo tiempo.
Hablar de refrigeración suele llevar la conversación hacia compresores, refrigerantes o grandes instalaciones. Sin embargo, pocas veces se pone atención en aquellos componentes que, aunque pasan desapercibidos para el usuario final, determinan la seguridad, confiabilidad y desempeño de todo un sistema.
Esa es precisamente la perspectiva desde la que Battista Guerini ha construido gran parte de su trayectoria profesional. Como Refrigeration Sales Manager de OLAB, ha sido testigo de una de las transformaciones más profundas que ha vivido la industria en las últimas décadas: el paso hacia tecnologías cada vez más eficientes, refrigerantes naturales y soluciones diseñadas para responder a los nuevos retos ambientales.
Su llegada al sector representó un cambio importante en su carrera. Proveniente de una industria tradicional, encontró en la refrigeración un entorno en constante evolución, donde la innovación no es un objetivo ocasional, sino una necesidad permanente.
“Fue un cambio de vida importante. Venía de un sector muy histórico y encontré una industria llena de oportunidades para innovar. Eso fue precisamente lo que me motivó a especializarme en este campo.”
A lo largo de estos años, ha observado cómo la refrigeración ha dejado de ser únicamente un elemento de confort o conservación para convertirse en una infraestructura indispensable para el funcionamiento de la economía moderna.
Desde supermercados y procesos industriales hasta hospitales, centros logísticos y, más recientemente, data centers que soportan el crecimiento digital, prácticamente todos los sectores dependen hoy de sistemas capaces de mantener condiciones térmicas precisas, eficientes y confiables.
“Muchas veces no vemos lo que hay detrás. Pero detrás de todos esos servicios existe un sistema de refrigeración que permite ahorrar energía y ofrecer el resultado que necesitamos.”
El cambio que transformó la refrigeración
Para Battista, la incorporación de refrigerantes naturales representa el cambio tecnológico más importante que ha vivido la industria en las últimas décadas. Su experiencia en Europa le permitió vivir esta transición desde sus primeras etapas, particularmente con la adopción del CO2 como alternativa para aplicaciones comerciales e industriales, un proceso que comenzó hace más de dos décadas y que hoy sirve como referencia para numerosos mercados alrededor del mundo.
Desde su perspectiva, el verdadero valor del CO2 no radica únicamente en su bajo impacto ambiental, sino en su capacidad para impulsar sistemas de refrigeración más eficientes desde el punto de vista energético.
“El CO2 es la llave para una refrigeración sostenible. Gracias a las nuevas tecnologías podemos obtener un mejor resultado utilizando menos energía y reduciendo el desperdicio energético.”
Sin embargo, advierte que la transición hacia refrigerantes naturales no consiste simplemente en sustituir un fluido por otro. También implica replantear la ingeniería de los sistemas, ya que las nuevas condiciones de operación exigen componentes capaces de responder a presiones más elevadas, mayores estándares de seguridad y nuevos criterios de mantenimiento.
En otras palabras, la evolución de los refrigerantes ha obligado a rediseñar prácticamente todos los elementos que integran un sistema de refrigeración.
Diseñar pensando en toda la vida útil del sistema
Esa evolución tecnológica también ha cambiado las preocupaciones de fabricantes, contratistas e instaladores.
Después de años trabajando con clientes de distintos mercados, Battista identifica dos aspectos que aparecen prácticamente en todas las conversaciones técnicas: evitar las fugas de refrigerante y facilitar un mantenimiento seguro.
Las fugas representan un costo importante por la reposición del refrigerante, pero también un riesgo ambiental. Por ello, considera que cualquier circuito debe diseñarse pensando no únicamente en su puesta en marcha, sino en todas las intervenciones que recibirá durante su vida útil.
“Cuando se diseña un circuito nuevo también debe pensarse en el mantenimiento. Ese mantenimiento debe ser seguro.”
Esta manera de entender el diseño explica buena parte de la filosofía que ha caracterizado el desarrollo tecnológico de OLAB.
Los componentes invisibles que sostienen todo el sistema
Aunque pocas veces reciben protagonismo, Battista considera que los componentes son el verdadero soporte de cualquier instalación.
“Los componentes no se ven, pero son el esqueleto del sistema de refrigeración.”
Una válvula, una conexión o un sello pueden parecer detalles menores, pero son precisamente esos elementos los que determinan si un sistema operará durante años sin fugas, con bajo mantenimiento y con altos niveles de seguridad.
“La innovación y la sostenibilidad pueden caminar juntas.”
Desde su experiencia trabajando con fabricantes e instaladores en distintos mercados, identifica dos preocupaciones que aparecen de manera constante durante el diseño de cualquier instalación.
La primera es evitar las fugas de refrigerante, no sólo por el costo económico que representan, sino por su impacto ambiental.
La segunda es facilitar un mantenimiento seguro, sencillo y confiable para quienes deberán intervenir los equipos durante toda su vida útil.
Esa visión explica buena parte de la filosofía tecnológica que impulsa OLAB.
Para Battista, la innovación no consiste únicamente en desarrollar nuevos productos, sino en eliminar puntos críticos que históricamente han generado fallas o riesgos dentro de una instalación.
La válvula de bola: un componente estratégico
Uno de los mejores ejemplos es la válvula de bola.
Aunque suele percibirse como un componente sencillo, Battista explica que su importancia ha aumentado conforme evolucionan los refrigerantes utilizados por la industria.
El CO2 opera a presiones considerablemente mayores que los refrigerantes tradicionales, mientras que el propano incorpora retos adicionales relacionados con su inflamabilidad. Ambos escenarios exigen componentes capaces de responder bajo condiciones mucho más exigentes.
“Una válvula de bola siempre está presente porque permite aislar el circuito para realizar mantenimiento. Pero una válvula diseñada para los antiguos HFC puede convertirse en un problema cuando debe trabajar alrededor de 150 bar. Por eso decimos que es un punto neurálgico del circuito.”
Desde su perspectiva, la evolución de la refrigeración exige abandonar tecnologías concebidas para condiciones de operación completamente distintas.
Eliminar la soldadura para reducir riesgos
Battista explica que uno de los principales riesgos de las válvulas tradicionales aparece precisamente durante los procesos de soldadura.
El latón, material ampliamente utilizado en este tipo de componentes, está formado por una aleación de cobre y zinc. Durante la soldadura, las altas temperaturas pueden provocar la evaporación parcial del zinc, generando micro capilaridades que, bajo presiones elevadas, incrementan el riesgo de fugas.
“Con presiones de 50 bar probablemente no exista un problema importante. Pero cuando hablamos de 130 o 150 bar, cualquier defecto puede convertirse en un punto crítico.”
Para responder a ese desafío, OLAB desarrolló una tecnología basada en un cuerpo de válvula de latón completamente mecanizado, que elimina las soldaduras estructurales y reduce uno de los factores históricamente asociados al error humano durante la fabricación y el mantenimiento. El diseño permite desmontar y reemplazar la válvula sin necesidad de cortar tuberías ni realizar nuevos procesos de soldadura, mejorando la seguridad de las intervenciones y la confiabilidad del sistema.
Pero Battista insiste en que el beneficio va más allá de la propia válvula. Para él, diseñar un componente también implica pensar en la persona que algún día tendrá que instalarlo, intervenirlo o sustituirlo.
“Cuando un técnico necesita reemplazar una válvula ya no tiene que cortar ni volver a soldar. Basta con desmontarla e instalar una nueva. Eso hace el mantenimiento mucho más seguro y sencillo.”
En su opinión, este tipo de soluciones adquieren todavía mayor relevancia frente a un desafío que comienza a hacerse evidente en distintos mercados: la escasez de mano de obra especializada. Cada vez son menos los profesionales que dominan procesos como la soldadura especializada, por lo que desarrollar componentes más simples de instalar también representa una forma de facilitar la incorporación de nuevas generaciones de técnicos a la industria.
La sostenibilidad también está en los materiales
Para Battista, la transición hacia una refrigeración más sostenible no termina con la adopción de refrigerantes naturales.
El siguiente paso consiste en revisar los materiales que conforman los propios componentes.
En ese contexto, destaca el desarrollo de TOREX, una válvula de bola completamente libre de PFAS, reconocida dentro del programa ATMO Approved, una certificación que distingue soluciones orientadas a la refrigeración sostenible.
“La innovación y la sostenibilidad pueden caminar juntas.”
Más allá del cumplimiento ambiental, Battista afirma que los nuevos materiales utilizados en TOREX ofrecen incluso mejores propiedades técnicas que las soluciones tradicionales basadas en PTFE.
Para él, ese es el verdadero significado de innovar: desarrollar tecnologías que beneficien simultáneamente al usuario, al sistema y al medio ambiente.
Escuchar antes de diseñar
Después de trabajar con clientes de distintos países, Battista identifica un elemento común en todos los proyectos exitosos: la colaboración.
Lejos de entender la relación fabricante-cliente como un simple proceso comercial, considera que la innovación surge cuando ambas partes trabajan como socios tecnológicos.
“El CO2 es la llave para una refrigeración sostenible.”
Escuchar los problemas reales de quienes diseñan, instalan y mantienen sistemas de refrigeración permite desarrollar soluciones que responden a necesidades concretas.
Por ello resume su filosofía con una frase que define claramente su manera de entender el negocio: “Yo no vendo productos; vendo soluciones.”
Construir el futuro de la refrigeración
Al dirigirse a las nuevas generaciones, Battista reconoce que la refrigeración quizá no sea la primera industria que muchos jóvenes consideran al iniciar su vida profesional.
Sin embargo, está convencido de que pocas disciplinas ofrecen un impacto tan directo sobre la calidad de vida, el consumo energético y el desarrollo sostenible.
Desde la conservación de alimentos hasta el funcionamiento de hospitales, centros de datos o procesos industriales, prácticamente todas las actividades dependen hoy de una refrigeración confiable.
Por ello, invita a los nuevos profesionales a mirar más allá de la tecnología y entender el papel que pueden desempeñar en la construcción de un futuro más eficiente.
“La refrigeración sostenible es una oportunidad para formar parte activa del cambio. Es un sector donde todavía hay mucho por desarrollar y donde las nuevas generaciones pueden construir su futuro.”
Al final, su visión resume uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente la industria: innovar ya no significa únicamente desarrollar tecnologías más avanzadas.
Significa crear soluciones que permitan consumir menos energía, reducir riesgos, facilitar el trabajo de quienes están en campo y minimizar el impacto ambiental de cada componente.
Porque, como demuestra la trayectoria de Battista Guerini, el verdadero progreso ocurre cuando la innovación y la sostenibilidad dejan de competir entre sí y comienzan a avanzar en la misma dirección.
